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    Ciencia del sueño

    Dormir mal y riesgo de enfermedades: ¿qué dice la ciencia sobre esto?

    4 de septiembre de 20267 min de lectura
    Ilustración nocturna de la mascota K de SiestaK abrazando un corazón bajo un cielo estrellado

    Cuando hablamos de dormir mal, pensamos en las consecuencias más inmediatas: cansancio, mal humor o falta de concentración al día siguiente. Sin embargo, la ciencia lleva años estudiando un efecto menos visible y mucho más profundo: dormir mal de forma continuada se vincula con un mayor riesgo de padecer enfermedades metabólicas, patologías cardiovasculares o trastornos neurodegenerativos.

    En este artículo repasamos qué dice la evidencia científica disponible sobre esta relación entre el sueño y el riesgo de padecer enfermedades.

    ¿Qué le ocurre al cuerpo cuando no dormimos bien?

    Durante el sueño, el organismo aprovecha para regular procesos que durante el día quedan en segundo plano, como el control hormonal, la respuesta inflamatoria y la limpieza de sustancias dañinas en el cerebro. La interrupción y la reducción significativa de la calidad del sueño de forma repetida afectan directamente al normal funcionamiento de estos procesos.

    De sobremanera, se ha observado que dormir poco aumenta los niveles de cortisol (la hormona relacionada con el estrés) en momentos del día en los que normalmente estaría bajo, además de favorecer un estado de inflamación leve mantenido en el tiempo. Son precisamente estos dos factores los que aparecen mencionados una y otra vez como posibles desencadenantes de un mayor riesgo de sufrir enfermedades.

    Dormir mal y riesgo de enfermedades metabólicas

    Uno de los campos más estudiados es la relación entre el sueño y el metabolismo de la glucosa. Restringir el sueño exclusivamente a 4 horas por noche durante varios días seguidos se ha relacionado con una disminución notable en la respuesta de nuestro organismo para procesar el azúcar tras una comida, hasta el punto de hallar patrones característicos de personas de avanzada edad o con alteraciones previas en el metabolismo de la glucosa. También se han observado cambios en la respuesta de la insulina, considerada un indicador temprano relacionado con el riesgo de diabetes tipo 2.

    Incluso una reducción de sueño más moderada mantenida durante varias semanas se ha relacionado con una peor sensibilidad a la insulina. Este efecto aparece aunque no haya habido cambios en el peso corporal, es decir, no se debe a que la persona haya aumentado de peso. Esta consecuencia se acentúa aún más en mujeres en la etapa posmenopáusica, una etapa en la que ya de por sí se producen cambios hormonales que afectan directamente al metabolismo.

    Dormir mal y riesgo cardiovascular

    La relación entre el sueño y la salud del corazón también ha sido objeto de numerosas investigaciones. Tanto dormir menos de 6 horas al día como tener una mala calidad de sueño se han asociado, cada uno por separado, con un mayor riesgo de padecer patologías cardiovasculares como la enfermedad coronaria o de sufrir un ictus.

    Por una parte, las investigaciones apuntan a que la carencia de sueño tiene un impacto directo en los cambios hormonales que regulan el apetito, que junto con el aumento del cortisol y la inflamación de bajo grado contribuyen a un mayor riesgo de sufrir problemas cardiovasculares a largo plazo. Por el contrario, el exceso de descanso actúa más como un indicador de otros problemas de salud subyacentes que como una causa directa de una patología cardiovascular.

    Dormir mal y riesgo de infecciones y otras enfermedades relacionadas con las defensas

    El sueño también juega un papel clave en el funcionamiento del sistema inmunitario: dormir poco o de forma fragmentada se ha relacionado con un aumento de ciertos marcadores de inflamación en sangre y con una menor actividad de las células encargadas de eliminar otras células infectadas. Esta merma en la capacidad de vigilancia a nivel celular se asocia a una mayor susceptibilidad a contraer infecciones comunes, así como a una posible relación con el desarrollo de determinados tipos de cáncer. En este último caso, la evidencia científica combina mecanismos celulares con datos epidemiológicos, por lo que conviene interpretar este hallazgo con cautela.

    Además, perder sueño una sola noche se ha asociado con la activación de genes relacionados con la inflamación, lo que podría explicar por qué la falta de sueño sostenida en el tiempo guarda relación con el envejecimiento celular y con un mayor riesgo de padecer enfermedades con inflamación crónica.

    Dormir mal y riesgo de enfermedades neurodegenerativas

    Uno de los hallazgos más relevantes de los últimos años tiene que ver con la denominada “limpieza cerebral”. Durante el sueño, el espacio entre las células del cerebro se amplía, lo que facilita la eliminación de desechos que se acumulan durante el día (por ejemplo, la proteína beta-amiloide, relacionada con la enfermedad de Alzheimer).

    Esta limpieza cerebral podría ir en ambos sentidos: por una parte, la acumulación de beta-amiloide dificulta un sueño profundo y reparador y, por otra, dormir mal favorece la acumulación de este desecho. Se trata de una línea de investigación todavía en desarrollo, pero que ha despertado mucho interés dentro del estudio de las enfermedades neurodegenerativas.

    En resumen: dormir mal y riesgo de enfermedades

    La evidencia científica apunta a que dormir mal de forma continuada va de la mano de un mayor riesgo de desarrollar distintos problemas de salud, desde alteraciones metabólicas hasta afecciones cardiovasculares. Es importante aclarar que esta información se extrae en base a mecanismos observados, no a una causa-efecto absoluta aplicable a todas las personas. Lo que sí podemos afirmar es que cuidar el descanso nocturno no es solo una cuestión de sentirse mejor al día siguiente: es una pieza esencial, junto a otros hábitos de vida saludables como una buena alimentación y la actividad física, para completar el cuidado de nuestra salud a largo plazo.

    Referencias

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