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    Calor y cuerpo

    Mujeres vs. hombres: la ciencia tras la termorregulación

    22 de octubre de 20265 min de lectura
    Dos mascotas K de SiestaK duermen en una cama: una arropada y otra descubierta, bajo una ventana con luna; ilustración sobre diferencias de confort térmico al dormir.

    Durante años se ha dado por sentado que las mujeres toleran peor el calor que los hombres. Sin embargo, detrás de esta creencia hay un sesgo histórico: buena parte de la investigación sobre termorregulación, calor y ejercicio físico se ha realizado en hombres, con una menor representación de mujeres.

    Hoy sabemos que no basta con el sexo para predecir cómo tolerará una persona las altas temperaturas. Mujeres y hombres pueden alcanzar respuestas térmicas similares mediante estrategias fisiológicas diferentes. La anatomía, las hormonas, el entrenamiento y las condiciones ambientales también cuentan.

    ¿Por qué se creía que las mujeres aguantaban menos el calor?

    La menor participación femenina en las primeras investigaciones dificultó comprender su respuesta al calor. Cuando se comparan ambos sexos, muchas diferencias en la sudoración o el rendimiento se relacionan con factores físicos y hormonales, no con una menor capacidad de adaptación por sí misma:

    • El tamaño corporal.
    • La cantidad de masa muscular.
    • El calor metabólico que genera cada organismo.
    • Los cambios hormonales ligados al ciclo menstrual.

    ¿Controlan igual la temperatura corporal hombres y mujeres?

    En un estudio de caminata a ritmo fijo en un ambiente caluroso, el aumento de temperatura central fue similar entre mujeres y hombres, aunque hubo diferencias en producción de calor, sudoración y flujo sanguíneo cutáneo. Este resultado muestra que es posible alcanzar una respuesta térmica comparable, pero no demuestra que todas las personas respondan igual ante cualquier esfuerzo o ambiente.

    ¿Por qué reaccionan de forma distinta ante el estrés térmico?

    • Tamaño y masa muscular: en promedio, los hombres tienen mayor masa corporal y muscular. Al caminar al mismo ritmo pueden generar más calor metabólico; por eso, comparar solo el ritmo o el esfuerzo percibido no siempre equivale a comparar la misma carga térmica.
    • Superficie cutánea: la relación entre superficie de piel y masa corporal influye en el intercambio de calor. Su efecto depende también de la temperatura ambiental, la humedad, la ropa y el movimiento del aire; no supone una ventaja universal para uno de los sexos.
    • Producción de sudor: las mujeres pueden tener una densidad de glándulas sudoríparas igual o mayor, pero los hombres tienden a producir más sudor cuando la demanda de pérdida de calor es elevada. Sudar más no significa necesariamente regular mejor la temperatura: también importa cuánto sudor llega a evaporarse.
    • Influencia hormonal: durante la fase lútea, en la segunda mitad del ciclo menstrual, el aumento de progesterona puede elevar la temperatura interna unas décimas de grado y modificar los umbrales de las respuestas al calor. El efecto varía entre personas y no permite concluir que todas las mujeres toleren peor el calor en esa fase.
    • Sensibilidad térmica: las revisiones describen diferencias promedio en la percepción de frío y calor. La sensación de confort térmico no es lo mismo que la capacidad de mantener una temperatura interna segura.

    En ambos sexos, la vasodilatación cutánea ayuda a llevar calor hacia la piel para liberarlo al ambiente. Algunos estudios encuentran umbrales y sensibilidad similares, pero no puede afirmarse que el flujo sanguíneo cutáneo sea exactamente idéntico en todos los protocolos.

    ¿Pueden adaptarse al calor con la misma eficacia?

    Un estudio de aclimatación de 10 días observó adaptaciones térmicas similares en mujeres y hombres, aunque algunas respuestas fisiológicas fueron distintas. Entre las variables estudiadas estaban la temperatura corporal, la frecuencia cardíaca y la proteína HSP72, relacionada con la respuesta celular al estrés térmico. La similitud en ese protocolo no significa que todas las personas mejoren al mismo ritmo ni que cada marcador cambie de forma idéntica.

    ¿Sudar menos protege frente a la deshidratación o al golpe de calor?

    No se puede deducir esa protección únicamente de la cantidad de sudor. La pérdida de agua, la reposición de líquidos, la duración del esfuerzo y las condiciones ambientales influyen en la deshidratación. Tampoco es adecuado atribuir el riesgo de golpe de calor solo al sexo o al tamaño corporal: cuentan la intensidad del ejercicio, la aclimatación, la salud y la exposición al calor.

    En conclusión

    La idea de que las mujeres toleran siempre peor el calor no describe la evidencia disponible. Mujeres y hombres comparten mecanismos de regulación térmica, con diferencias físicas y hormonales y una gran variabilidad individual. Es más útil valorar las condiciones y las necesidades de cada persona que dar por sentado que un sexo tiene ventaja en cualquier situación.

    Referencias

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